terça-feira, 3 de maio de 2011

Sombras iluminadas: un esbozo monográfico sobre Theodor W. Adorno (I)

Roberto García Bonilla (*), escritor y crítico de Artes, es el autor del segundo texto de este blog. Por su extensión y complejidad, lo estoy publicando en tres partes consecutivas, sin perjuicio de forma o contenido.


Resumen: Theodor W. Adorno (1903-1969) es uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. En este texto se recorre de manera muy general la vida formativa del pensador, concentrándose en sus ideas sobre la música y su relación con la sociedad y en la función enajenante de la tonalidad. Abunda sobre su formación musical y significación, como modelo de artista, que tuvo en su vida Alban Berg —integrante de la famosa Escuela de Viena— sobre quien Adorno escribió un libro que analiza su obra. Se recrea, como trasfondo, la lucha del pensador —nacido en un mundo burgués— cuyo pensamiento impugno un mundo acomodaticio en el cual las ideas nunca han sido el camino directo para la solución de las contradicciones de la realidad.


El aserto "infancia es destino" ahora palpita con la misma intensidad que hace medio siglo. La evolución de la sicología y la revolución que representó el psicoanálisis han revelado cómo los primeros años del individuo dejan huellas indelebles en el comportamiento, la trayectoria y también en el carácter, y obsesiones de cada adulto. En los artistas, temperamento, búsqueda y creación son inseparables, aunque no se manifiestan con la inmediata obviedad que con frecuencia se repite y se explica superficialmente al relacionar a los creadores y su obra; con frecuencia al intentar alumbrar una con otra, los biógrafos y los estudiosos las ensombrecen sin lograr que mutuamente se alumbren.

Esbozar la figura de Theodor Wiesengrund Adorno[1] no es menos complejo que introducirse a su obra de 23 volúmenes; muestra un imbricado pensamiento cuya comprensión se dificulta porque todas las disciplinas que él abarcó conforman una suma que no aspiró a la comprensión unívoca y menos absoluta. No son pocos los problemas que enfrenta la imagen del filósofo y la lectura y la comprensión de su obra, que es inclasificable para los determinismos. ¿Fue Músico, psicólogo social, sociólogo, musicólogo, o filósofo? Si la inmediatez apremia habrá que responder con sequedad que fue un filósofo musical con todas las armas que le confieren las demás disciplinas mencionadas. La música parece imponerse en su vida y en su obra. Si bien es demasiado aventurado afirmar que ante todo fue un músico, no deja de ser cierto que el mundo sonoro en todas sus ramificaciones siempre latió en él. Aunque ya alguien se preguntó "¿qué puede esperarse de un filósofo de izquierdas que tocaba el piano?” (Adorno, 1968: 6). Habrá que tener un poderoso oído y una capacidad de discernimiento excepcional para poder encontrar en la audición musical todo lo que Adorno escuchó y vio para concluir ideas como aquella que dice que en el material musical, que es un material histórico, está sedimentado el espíritu objetivo, el espíritu de la sociedad. Y que la música es la dialéctica entre la subjetividad artística y ese material.

El estilo, el habla escritural de Adorno es densa; con no demasiada precisión se ha dicho que el lenguaje de Adorno es “atonal”, pero si lo que quiere decirse es que su prosa rompe los esquemas estereotipados, la afirmación es correcta. Para los lectores de lengua no alemana, las traducciones llegan a ser un obstáculo. Pero el lector de un texto complejo asumirá sencillamente que no lo entendió. Un editor en 1949 se negó a traducir Filosofía de la nueva música al inglés porque estaba "mal organizado", y se ha llegado a hablar de "traducir lo intraducible". Su estilo llegó a llamarse el "alemán Adorno"; algunos lo han alabado, otros como Karl Popper (1902-1994) lo redujeron a palabrería expresada en lenguaje altisonante. Habría que recordar que "los efectos de un texto deseados o no, forman parte de su significado", dicen Lowenthal y Benjamin. Finalmente, el alemán según el propio autor poseía una especial afinidad electiva con la filosofía, y en particular, con su aspecto especulativo.

Adorno fue un excepcional y privilegiado hijo de su tiempo no exento de contradicciones -él mismo se encargó de mostrar la irremediable unidad de elementos en el individuo y en la sociedad. Su reflexión fue radical pero su posición política frente a la praxis fue conservadora (Delahanty, 1986: 17); este mismo hecho podía explicarse si se opone su origen burgués a su inclinación teórica con presupuestos marxistas. Analizó e interpretó distintos fenómenos de la cultura, pero no fue un revolucionario en la práctica. Él era un hombre distinguido, de finos modales, rodeado de una atmósfera de nostalgia y melancolía; retraído, más bien taciturno. A lo largo de su obra no dejan de entreverse alusiones a su personalidad; esa lucha entre el paraíso perdido y la definición y racionalidad obstinadas de los procesos de la sociedad que envuelven al arte. Adorno utiliza el método freudiano para comprender el proceso inconsciente del sujeto social vinculado a la música. Con agudeza expresa un hecho cada vez más grave: la música se encuentra dominada por la mercancía; la música es cosificada por oídos alienados y la cosificación, a su vez, se apodera de la estructura interna de la música. Es uno de los primeros marxistas que introducen categorías psicoanalíticas de Freud relacionándolas con el proceso social. El primer texto marxista de música lo escribió sobre Wozzeck (1929) de Alban Berg, aunque, al principio, lo que pareció impresionarlo más era su esfuerzo "por ser nada más que conocimiento".

Al intentar la síntesis y establecer rasgos particulares de Adorno, habrá que mencionar que fue un intelectual impugnador que no encontró la forma adecuada de ligar su teoría con la política del proletariado o a cualquier otra fuerza social radical. Un elemento más es su modernismo, es decir, su vanguardismo estético. Él escribió sobre todas las facetas de la música tanto clásica como popular; asimismo su estilo "atonal" de escribir estuvo marcado por los principios de la composición musical que llegó a dominar en su juventud. Un rasgo más de Adorno fue su repudio total de la política concreta lo cual provocó críticas que lo designaron como un típico mandarín, modelado en Consideraciones de un hombre apolítico de Thomas Mann (1875-1955). Los intelectuales militantes de izquierda le reprocharon ser un elitista que traicionaba las implicaciones políticas en su propia obra. Es célebre la acusación de György Lukács (1885-1971) quien señaló que Adorno se había instalado en el "Gran Hotel Abismo". Por último, un elemento más, la identificación de la vida como la no identidad, cuyo poder se advierte si se toman en cuenta las repercusiones históricas (Jay, 1988: 6-11).


Trayectoria biográfica e intelectual

Saber de la vida de Adorno para explicar su trayectoria profesional es un requisito necesario que puede llevar a la obviedad pero lo de deseable, aquí, es el testimonio de una vida hecha de formas que su mismo autor negó. Theodor Wiesengrund Adorno fue hijo único de Oskar Alexander Wiesengrund, un burgués judío, comerciante de vinos adinerado. Nació el 11 de septiembre de 1903. Su madre, María, una cantante profesional, a su vez hija de una cantante alemana y de un miliciano del ejército francés de ancestros genoveses. Agatha, la tía del futuro músico y teórico, era pianista y acompañaba a la célebre Adelina Patti (1843-1919). Las dos hermanas fueron esenciales en la inclinación musical del futuro pensador, quien antes de aprender a leer las notas ya podía seguir las partituras rehaciendo el sonido de memoria. Años después su tía le enseñó el piano y juntos tocaban transcripciones a cuatro manos de los clásicos. "Tocar a cuatro manos —recordó Adorno— trajo como regalo de la niñez a los genios del siglo XIX burgués a comienzos del XX".[2]

Adorno recibió el sacramento del bautismo católico, confirmado protestante; durante la década de los veinte sintió afinidad por el catolicismo por un breve tiempo; es muy probable que ese vínculo se debiera a la influencia del compositor, su maestro y guía, Alban Berg (1885-1935); finalmente no aceptó la metafísica religiosa. Es posible que los conflictos emotivos hayan llevado al joven a inscribirse en la Universidad de Frankfurt, años más tarde, como evangelista. Adorno fue ateo a lo largo de toda su vida.

Teddie, como era llamado por la familia, creció rodeado del bienestar doméstico de su condición, con paladar para los manjares suculentos y el vino. El refinado ambiente familiar nutrirá al niño Theodor con los cuentos de Jacob L. K. Grimm (1785-1863), los cantos populares del proverbio y del ensayo hebreo: "Todas las imágenes de desesperación completamente cumplida que nos guardamos de nuestra infancia de los libros ilustrados y de la angustia del adormecimiento, surgen exhortando otra vez de la música cursi y brillan como astros de horror" (Delahanty, 1986: 43).

La orientación musical que las hermanas Calvelli-Adorno adentraron a Theodor en el mundo del arte y le sirvió para encausar sus propias inclinaciones intelectuales. Esta formación, con el tiempo, evidenció ser más trascendente que cualquier otra distinción social o religiosa. De la niñez recordaba. "Bajo Richard Strauss me imaginaba una música ruidosa, peligrosa muy clara y parecida a la industria o, como me lo imaginaba posiblemente entonces, las fábricas: era la imagen infantil de lo moderno que el hombre encendía" (Delahanty, 1986: 43). Su familiaridad con la música y su destreza ante el piano le confieren ventajas en el mundo de los adultos al niño Theodor, para quien tocar piano es sobre todo un placer. Juego, placer y arte se combinan y se funden. A los 12 años toca la Sonata Waldstein de Beethoven (1770-1827), tres años más tarde estudia piano con Eduard Jung y en 1919 con Bernard Sekles, quien también fue profesor de Paul Hindemit (1895-1963).

Hacia 1914 muchos de los pensadores y creadores de Adorno tuvieron que ser reclutados y enviados al frente de batalla; Adorno no cumplía la edad necesaria y evitó el horror de la guerra. Mientras su país se recuperaba del holocausto, entre 1918 y 1919, Adorno estudiaba y en sus horas libres leía a Immanuel Kant (1724-1804), bajo la guía de Siegfried Kracauer; por más de medio año, los fines de semana, leyeron juntos la Crítica de la razón pura. Al igual que en la música Adorno se acercó a la filosofía por una necesidad y deseo de adentrarse activamente en las disciplinas, estaba lejos de buscar sencillamente una sólida formación de burgués alemán.[3]

Al aprobar el examen Abitur, abandona el Kaiser Wilhelm Gymnasium e ingresa a la Universidad de Frankfurt que en ese momento recibe un fuerte apoyo de la república de Weimar, junto con las universidades de Hamburgo y Colonia. Los centros de enseñanza superior alemanes se inclinaban hacia la derecha. En Frankfurt se agruparon varios profesores con el marxismo como el creador de la sociología del conocimiento Karl Mannheim (1893-1947) y muchos profesores judíos innovadores. Adorno estaba rodeado del grupo radical en una universidad moderna.

Hacia los 18 años ya ha publicado dos ensayos, uno sobre el expresionismo y un comentario sobre una nueva ópera de su maestro de música Bernhard Sekles. En ese momento Adorno sigue buscando la compañía intelectual de hombres mayores que él. En 1920 conoce a Paul Hindemit y estudia filosofía, psicología, sociología y musicología en la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt de, 1921 a 1924; este último año se doctora con una tesis sobre Edmund Husserl (1859-1938), dirigido por Hans Cornelius, neokantiano heterodoxo.

El inicio de la segunda década del siglo vive una ebullición intelectual con una profunda crisis de valores. En 1920, por ejemplo, se realiza la exposición Internacional Dadá en Colonia; En Moscú, Naum Gabo (1890-1977) y Antón Pevsner (1886-1962) publican el Manifiesto del Realismo. Paul Klee (1879-1940) escribe la Schopferiche Confession y empieza a enseñar en la Bauhaus. Lukács (1885-1971) escribe Teoría de la novela; Paul Valery (1871-1945), el Cementerio Marino, y Ramón del Valle Inclán (1866-1936), Divinas palabras.

En 1922 Adorno conoce a Max Horkheimer (1895-1973); se iniciaría una amistad que luego se convertirá, por más de medio siglo, en una larga colaboración intelectual.

Otra figura central en la vida intelectual de Adorno es Walter Benjamin (1892-1940); se conocieron en 1923 cuando éste visitaba Frankfurt. Sigfried Kracauer los presentó en el café Opernplatz. Es difícil sintetizar linealmente la relación entre ambos, pero sin duda Adorno fue marcado por el pensamiento del autor de Origen del drama alemán; esta obra impresionó mucho a Adorno. La amistad entre ellos parece haberse enfriado por razones teóricas; Adorno modificó algunas posiciones heredadas de Benjamín de quien rechazó la primera versión de Charles Baudelaire: Un poeta lírico en época del gran capitalismo (1938).

A pesar de sus diferencias tenían convergencias; ambos estaban de acuerdo en la crítica del historicismo progresista de Benjamin, así como en el lazo entre la fe y el progreso histórico y la dominación de la naturaleza. Asimismo compartían la idea de Benjamin de que "no hay un documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un documento de la barbarie". Luego que se le impidió su entrada a España, Benjamin fue presa del horror nazi; se suicidó en Port-Bou -la frontera hispanofrancesa- en septiembre de 1940. Con su muerte pretendió salvar la libertad y su dignidad. Benjamin escribió una serie de 18 "Tesis historicofilosóficas", en las cuales cuestionaba la fe en el progreso histórico, que había sido principio fundamental de la tradición marxista. La década posterior a la muerte de Benjamin, buena parte de la obra de Adorno se centró en aquellas ideas.

En 1940 la Gestapo confiscó el departamento de Benjamin en París. Él adquirió un visado en Marsella y otro español y quería viajar a Lisboa para embarcarse a Nueva York. La muerte de Benjamin afectó profundamente a Adorno, quien después fue acusado de haber usurpado y dirigido el testamento de Benjamin, de hacer del archivo de obras inéditas una propiedad privada, de minimizar el interés marxista de Benjamin. Finalmente, Adorno se defendió: la publicación en dos tomos (de las obras de Benjamin) representaba una selección, y de las cartas solamente borró las frases irrelevantes de uso general (Delahanty, 1986: 98-99).

En 1924 Adorno conoce al compositor Ernst Krenek (1900-1991) y en la primavera del año siguiente escucha tres fragmentos de Wozzeck de Alban Berg, que fue a Frankfurt a supervisar el estreno local; ambos establecen contacto a través del director de orquesta Hermann Scherchen (1891-1966). Berg acepta al filósofo como su alumno, pero fue hasta principios del año siguiente que Adorno viaja a Viena para tomar sus lecciones, antes tuvo que doctorarse. Se hospeda en la misma pensión donde el Cuarteto de Heitzing tocaba con frecuencia.

Antes de entrar por primea vez en la casa en 1925, yo supe donde me encontraba por los acordes disonantes [...] que fueron tocados en el piano; no adiviné que entonces se repetía una situación muy famosa. Era [Berg] ante todo un artista, pero artista hasta tal punto, que por eso mismo se convirtió en artista en un aspecto muy particular: el maestro de la composición [...] En cierta ocasión se pasó una tarde en el Café Imperial dándome clases de cómo escribir claramente las notas. Pero esa parte visual penetraba también en el interior de sus composiciones. (Adorno, 1990: 22-23)

Este encuentro marcaría profundamente al filósofo, quien —como se verá más adelante— un año antes de su muerte publicó una serie de ensayos que en conjunto hacen el análisis de la obra del autor de Lulu, quien —por cercanía a la tradición romántica, emparentada con Gustav Mahler (1860-1911)— es el compositor de la Escuela de Viena, que más se toca en las salas de concierto.

En la casa de Berg, Adorno conoce a grandes músicos de su época: Jasha Horenstein (1898-1973) y Karol Rathaus (1895-1954), del círculo de música polaca; a Arnold Schönberg (1874-1951), a Anton von Webern (1883-1945) —junto con Berg, integrantes de la Segunda Escuela de Viena— o Eduard Steuermann. En este ambiente se respira cierto hedonismo y exquisitez pero al mismo tiempo una honda melancolía, que se verá reflejada en el desgarramiento contenido en las obras de los artistas. La filosofía "atonal" de Adorno se gestó en Viena. Arthur Koestler (1905-1983), que vivía en la misma pensión de Adorno en el distrito de Alsergrund, lo describió como uno

de los más engreídos intelectuales que conocí [...] Era un joven tímido, distraído y esotérico, y tenía un encanto sutil que yo era demasiado inexperto para discernir [...] compartía una mesita en el comedor con una mujer rubia e igualmente retraída: la actriz Anny Mewes, quien había sido amiga de Rainer María Rilke [...] Adorno y Anny Mewes alguna vez me dirigieron unas palabras amistosas desde sus remotas alturas intelectuales. (Buck-Morss, 1981, 52)

Adorno regresó a Frankfurt luego de poco más de un año y reanuda sus estudios de filosofía con el deseo de obtener un puesto en la universidad. Las razones que lo motivaron a dejar Viena no son claras, pero se deduce que Adorno tenía demasiadas inquietudes y su trabajo como compositor no le satisfizo del todo; al ver su catálogo de obras, es curiosa la coincidencia en las formas y las dotaciones instrumentales con la obra de Berg. La voz femenina parece haber fascinado a Adorno; no es fortuito que fue Wozzeck, una de las obras que más lo cautivaron. Tampoco se puede desdeñar la relación inconsciente de la música con el mundo infantil, imponente en la figura de su madre y de su tía; "el hecho que Adorno compusiera música para voz femenina se debe a su tendencia a centrar su creación al servicio de la prima dona (su madre)".[4] Si ha de aceptarse que la música fue la mayor pasión en la vida de Adorno, habrá que aceptar también que su pensamiento no fue menos intenso. La búsqueda desde la reflexión y el cuestionamiento fue el mayor motivo en la existencia del filósofo.

Durante el verano de 1926 Adorno vuelve a Frankfurt y escribe —como crítico musical— en el Frankfurter Opernhefte entre 1925 y 1933: hace reseñas sobre las óperas de Krenek, además de comentar óperas como Wozzeck de Berg; analiza, también, música de Hindemit, Bertold Brecht (1898-1956), Kurt-Weill (1900-1959), Leos Janacek (1854-1928).

Adorno observó hasta los detalles más ínfimos, todo el proceso de la gestación, composición y recepción de la música. Hacer música -señalaba- se divide en dos niveles, la realización de textos de notas y la espontánea ejecución, pero aceptaba que rara vez se podía cumplir.

En 1927 escribe una monografía sobre Kant y Freud para su habilitación, pero es rechazada por Cornelius debido a las connotaciones marxistas del texto. Entre 1930 y 1933 escribe cerca de 40 ensayos musicales.

El estudio de Adorno sobre Sören Kierkegaard (1813-1855) se publica el mismo día en que se nombra canciller a Adolf Hitler (1889-1945) en ese momento jefe del partido Nacional Socialista: el 30 de enero de 1933. Un día después se disuelve el parlamento (Reichstag) y se inicia la dictadura nazi. El Instituto Horkheimer fue uno de los primeros grupos intelectuales que huyeron de Alemania, primero a Ginebra y luego a Nueva York. El nazismo despojó a Adorno de su cátedra en septiembre de 1933 yéndose a Berlín por seis meses; antes de abandonar Frankfurt fue director del Musikstudio Frankfurt.

Adorno se asila en 1934 en Inglaterra, donde permanece hasta 1937; ahí es conocido, sobre todo como músico y es reducido a la condición de "estudiante adelantado" en el Morton Collage de Oxford; vuelve a estudiar a Husserl y prepara el borrador de un libro publicado hasta 1956, La metacrítica de la epistemología, una extensa crítica de Husserl.

Escribe artículos para el Zeitschrift, "Sobre el jazz" (1936), que publicó con el seudónimo de Hektor Rottweiler,[5] y "Sobre el carácter fetichista de la música y la regresión del auditorio".

En septiembre de 1937 se casó con la hija de un fabricante de productos químicos de Berlín, Gretel Karplus quien había estudiado física; llegó a ser alumna de Max Born (1882-1970). Con el tiempo ella, de notable inteligencia y belleza, se convirtió en colaboradora de su esposo. Adorno no creía en el movimiento feminista, pues creía que primero debía cambiar la estructura social y posteriormente se alcanzaría la emancipación de hombres y mujeres (Delahanty, 1986).

En 1938 se traslada a Estados Unidos, junto con su esposa, donde inicia su carrera como sociólogo e investigador en ciencias sociales y su trabajo en la sociología musical fue fundamental. Durante el mes de noviembre de ese año se incorpora oficialmente al Instituto de Investigaciones Sociales en la Universidad de Columbia en Estados Unidos; está rodeado de pensadores como Leo Löwenthal, germanista; Erich Fromm, sicólogo y Herbert Marcuse, filósofo. El instituto se dedicaría a los estudios marxistas.

Un año después no hubo más apoyo de la Fundación Rockefeller para su proyecto musical; hasta 1938 Adorno había contado con la ayuda de esta fundación en Oxford. Vendrán momentos de angustia por carencias económicas. Horkeimer había pedido a Adorno colaborar con él; el autor de la Dialéctica negativa escribió un ensayo para la revista del Instituto.

En 1941 Adorno y Horkheimer escriben juntos la Dialéctica de la Ilustración, que muestra su desaliento sobre la forma en que el mundo occidental había arruinado su potencial emancipador. Asimismo escribe sobre psicoanálisis en su temporada de California; asistirá al Instituto Psicoanalítico de San Francisco en 1944, aunque el nunca fue paciente del psicoanálisis. Adorno conoció la obra de Freud en 1927, en San Remo, y su examen para habilitación como docente probado, ese año, e incluyó las "Conferencias introductorias de psicoanálisis" de Freud. Entre 1941 y 1944 Adorno y Horkheimer trabajan estrechamente en un desarrollo más amplio de sus posiciones, ya mutuas, inspiradas precisamente en las últimas meditaciones de Benjamin.

Adorno recibe su doctorado en filosofía, en 1942, después de haber pasado por una serie de cursos en filosofía, sociología, psicología y música; colabora en 1943 en el Berkely Public Opinion Study con el psicólogo social, Nevitt Sanford. Entre 1945 y 1947 Horkheimer es director de investigación sobre el prejuicio; Adorno colabora en el proyecto de Personalidad Autoritaria con el equipo de Berkely. En ese periodo escribe Mínima moralia, una vida estropeada (1951), esta obra muy nietzscheana —según Martin Jay— muestra subjetivamente y con ironía los dilemas del exilio permanente. Esta obra fue elogiada como el mayor logro artístico de Adorno; contiene apartados con argumentos teóricos, que después serían desarrollados en otras obras por el pensador, quien también expresó su temor a que el método de la crítica ideológica inmanente estuviera perdiendo su capacidad para ejercer una influencia verdaderamente crítica en el mundo. Anotó: "La diferencia entre la ideología y la realidad ha desaparecido". Alfred Schmidt señala que la reflexión en Mínima moralia es obstinada y amenazante. La comprensión surgió de la experiencia subjetiva y no de la totalidad social.

Adorno y Horkheimer regresan a la Universidad de Frankfurt en 1949 (el Instituto de Investigaciones Sociales reabrió sus puertas en 1951); este último será rector de la Universidad Goethe entre 1951 y 1953. En ese momento Alemania se encuentra dividida en dos estados políticos independientes: capitalista, socialista; subdividida en cuatro zonas ocupadas militarmente. Alemania Federal por Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Y Alemania Democrática, ocupada por la URSS. Entretanto Adorno viaja a Estados Unidos en 1951 para no perder su residencia en ese país; más tarde Frederick Hacker lo invita a colaborar como director científico de la Fundación Hacker en Beverly Hills, del verano de 1952 al otoño de 1953, realizando análisis psicológicos y sociales de la cultura popular.

Su amigo Horkheimer le pide de nuevo que colabore con él y regresa a Frankfurt. El periodo de 1950 a 1969 puede dividirse en dos, el primero equivale al "milagro" alemán con el partido CDU (Unión Democristiana) en el poder, la recuperación de la nación después de la guerra, con una política burguesa-democrática y una economía capitalista. La segunda fase será el movimiento estudiantil de los años sesenta.

Las conferencias de Adorno eran un espectáculo por el formidable escenario que edificaba al hablar. Su voz era pausada; su aspecto era el de un hombre cansado cuya voz fascinaba a su auditorio. En la vida diaria Adorno cumplía metódicamente sus horarios como investigador. En Frankfurt trabajaba tres horas en la mañana y tres en la tarde. Sus ensayos se los dictaba a la secretaria y cada página la revisaba y cambiaba de dos a tres veces antes de la revisión definitiva. Su círculo de amigos era selecto y reducido; con frecuencia asistía a las funciones de teatro, ópera y conciertos. Asimismo se reunía con sus alumnos en el Cafe Laumer. Era un refinado burgués, que en su oficina a puerta cerrada, era inaccesible. Muy pocos colaboradores tenían cabida sin tener que solicitar una cita.

Cierta atmósfera de arrogancia se respiraba en torno a él. Su meticulosidad e indagación permanentes lo impulsaban a hacer anotaciones en una libreta negra que siempre cargaba y usaba luego de leer un libro o escuchar una obra musical. Adorno fue premiado con la medalla Arnold Schönberg para Nueva Música en 1954.

En 1966 publicó La dialéctica negativa, que reúne muchos de los temas de su obra filosófica en una argumentación teórica —anunciada en "La actualidad de la filosofía"—; ofrece un análisis metacrítico de las ontologías idealistas y heideggerianas en nombre de una dialéctica antimetafísica de la no identidad que se oponía a la limitación y reconciliación. La Dialéctica negativa se ha considerado su testamento donde, además, señala que la identificación mente-objeto parte de la no identidad. El libro contiene, también, graves meditaciones sobre las implicaciones de Auschwitz para la metafísica así como para el marxismo. El texto fue visto por algunos estudiosos como callejón sin salida, el punto culminante de la tradición marxista occidental iniciada por Lukács y Korsch después de la Primera guerra.

En abril de 1969 Adorno dictaba una conferencia "Introducción a la dialéctica" en la Universidad Johann Wolfgang Goethe; tres bellas jóvenes se acercaron hacia el conferencista, con las blusas abiertas, mostrándole sus pechos desnudos. En medio de la confusión, Adorno desconcertado agitó sus manos; las mujeres lo "atacaron" con flores y caricias eróticas; humillado, abandonó la sala de conferencias. Los estudiantes proclamaron "Adorno como institución está muerto".[6]

El final de Adorno ciertamente fue trágico, "murió sin la cadencia final, sin la reconciliación armoniosa que tan insistentemente había negado su filosofía [...]. El fin de Adorno fue quizás el apropiado para una vida dedicada a resistir al poder mortífero de la falsa totalidad". Cuatro meses más tarde el simbólico parricidio —para decirlo en palabras de Jay— por desgracia se volvió real al sufrir un ataque cardiaco, cuando estaba por cumplir los 66 años.

Adorno murió, en un hospital de Brig, el miércoles por la mañana del 6 de agosto de 1969, durante unas vacaciones en Suiza. El autor de la obra inconclusa Teoría estética, planeaba asistir a un congreso sobre música en septiembre. En su última carta escribió a Kaufmann en julio de ese año: "Mañana viajamos mi mujer y yo por cinco semanas a Suiza. Del 5 al 9 de septiembre estoy en Venecia para pronunciar dos conferencias para el curso internacional sobre formas críticas y características de nuestra civilización moderna. Entre ellas también la de Graz sobre crítica musical" (Delahanty, 1986: 53).

La Teoría estética puede tomarse como el punto de partida de una áspera controversia que dividió al mundo académico alemán en los años sesenta: la "disputa del positivismo" como se conoció a pesar de que los mismos participantes se negaron a ser nombrados positivistas. Popper se refirió a la "Lógica de las ciencias sociales" y Adorno secundado por Ralf Dahrendorf, le replicaron. Adorno insistió en que la idea de una verdad científica no puede estar separada de una sociedad verdadera. Asimismo se opuso —en una larga polémica— sobre lo que Popper y sus seguidores consideraban la universalización del método científico, que el musicólogo consideraba errónea.


Notas (de la primera parte)

[1] Ya en Viena, en los años veinte comenzó a emplear el apellido materno con un guión junto al paterno. En Estados Unidos reduce a W el patronímico Wiesengrund. La supresión fue sugerida en ese país porque en el instituto donde laboraba había muchos nombres de judíos en la nómina. Véase Martin Jay citado por Delahanty (1986: 47). Su decisión de omitir su patronímico, por el materno, fue interpretado por Hannah Arendt, como la prueba de una mentalidad casi colaboracionista; afirmación improbable porque Friedrich Pollok, director adjunto del Instituto, señaló que fue suya la sugerencia de cambiar el apellido (Jay, 1988: 25).

[2] Theodor W. Adorno citado en Buck-Morss (1981: 22).

[3] "Desde el inicio, bajo su guía [la de Kracauer] experimenté el trabajo no como una mera teoría del conocimiento, como un análisis de las condiciones de los juicios científicamente válidos sino como la clase de texto cifrado a partir del cual las condiciones históricas del espíritu [Geist] podían leerse, con la vaga expectativa de que algo de la verdad misma iba a conquistarse [...]". Theodor W. Adorno, citado por Buck-Morss (1981: 24).

[4] Guillermo Delahanty en su libro citado da señales del carácter depresivo de Adorno relacionado con la nostalgia hacia el mundo materno: "En la atmósfera narcisista Teddie fue hipervalorado pero no amado realmente según sus propias necesidades, más bien, como reflejo de la necesidad de la madre. [...] Adorno vivió una depresión oral que desde luego en el futuro se destiló con pesimismo. Pasado y futuro se unen, nostalgia y pesimismo en un presente triste, con una protección a la hipersensibilidad. Vivir un dulce y extraño proceso de duelo derivado de dos polos: nostalgia y pesimismo (Delahanty, 1986: 55, 56 y 86).

[5] Adorno publicó bajo los nombres de: T. Wiesengrund y Theodor Wiesengrund, 1920-1924; T. Wiesengrund-Adorno y Theodor Wiesengrund-Adorno, 1925-1938; y T. W. Adorno y Theodor W. Adorno, 1939-1969. Y entre 1936 y 1937 usó el seudónimo "Hektor Rottweiler".

[6] En una entrevista, Adorno declaró: "justamente conmigo, que siempre estoy en contra de cualquier especie de represión erótica y tabú sexual [...] el efecto de hilaridad que esto consiguió fue sin embargo la reacción del pequeño burgués, los ¡hihi! risa sofocada, cuando ven a una muchacha con los senos desnudos. Naturalmente esta imbecilidad fue calculada" (Delahanty, 1986: 18-19).


(*) Roberto García Bonilla (Ciudad de México, 1959) realizó estudios de música en la Escuela Nacional de Música (UNAM). Obtuvo la Licenciatura en Letras Hispánicas y la Mestría en Letras Mexicanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Ha ejercido el periodismo cultural en diarios y publicaciones de la ciudad de México. Es autor de Visiones sonoras (Siglo XXI-Conaculta, 2002), Un tiempo suspendido. Cronología sobre la vida y la obra de Juan Rulfo (Conaculta, 2008), Voces encontradas. Un recuento fragmentario de la crítica y la prensa en torno a Juan Rulfo, en prensa). Compilador de Arte entre dos continentes, de Mariana Frenk Westheim (Siglo XXI-Conaculta, 2005), y Fugacidad entre líneas, ensayos y cartas a Mariana Frenk-Westheim (en prensa). En la actualidad desarrolla el Doctorado en Letras en la UNAM.

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